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UN DIAMANTE CASTO


(...)La facultad de poner entre mì y los adultos, por medio de un tambor de juguete, la distancia necesaria, revelòse poco despuès de mi caìda por la escalera de la bodega, casi simultàneamente con el desarrollo de una voz que me permita cantar, gritar o gritar cantando en forma tan sostenida y vibrante y a un tono tan agudo, que nadie se atreverìa, por mucho que le estropeara los oìdos, a quitarme el tambor, porque cuando lo intentaban, me ponìa a chillar, y cada vez que chillaba algo costoso se rompìa. Tenìa la condiciòn de romper el vidrio cantando, con un grito mataba los floreros, mi grito rompìa los cristales de las ventanas y provocaba enseguida una corriente, cual diamante casto, y por lo tanto implacable, mi voz cortaba las cortinas, y sin perder su inocencia, se desahogaba en su interior con los vasitos de licor armoniosos, de noble porte y ligeramente polvorientos, regalo de una mano querida.

'El tambor de hojalata'. Gunter Grass.

4 comentarios:

carmensabes dijo...

Buén texto, reconfortante para la nocturnidad de las almas vagabundas...

Tashano dijo...

Carmensables,
Me alegra que te haya gustado.

Un saludo

alquiler de locales dijo...

Que bueno y plagado de imagenes, pude ver como se rompian esos vidrios!

Tashano dijo...

Alquiler de locales:

Es lo maravilloso de Wunter, que lo describe de tal manera que es como si lo vivieras.

Un beso