Ni siquiera es mi voz la que canta
voz de hoy o de otro tiempo,voces graciosas, soleadas,
desesperadas, maravilladas,
voces desgarradas y destrozadas,
voces sonrientes y alarmadas,
locas de dolor y de alegría.
Es la voz de una nueva pena, la voz del amor muerto o vivo,
la voz de un pobre fugitivo,
la voz de un ahogado que salpica.
Es la voz de un niño cuando se le abofetea,
es la voz de un pájaro asustado,
la voz de un gorrión muerto de frío
sobre el pavimento de la calle de la alegría…
Y siempre, siempre, cuando canto,
ese pájaro canta conmigo.
Siempre, siempre, todavía vivo,
su pobre voz tiembla para mí.
Si dijera todo lo que canta,
todo lo que he visto y todo lo que sé,
diría demasiado y no lo suficiente
y todo esto, quiero olvidarlo.
Otras voces cantan un viejo estribillo,es su memoria, es más la mía.
sólo tengo un único grito del corazón:
“¡No me gusta la desgracia! ¡No me gusta la desgracia!
pero la conozco, no me da ningún miedo
dice que estamos casados,
incluso si es verdad, no me creo nada.
Sin piedad, aplasto mis lágrimas,
no les hago ninguna publicidad,
si se tira de la señal de alarma
para penas particulares,
los trenes jamás podrían circular
y miro el paisaje.
si por casualidad, es demasiado feo,
sabré esperar hasta que se vuelva hermoso.
Y los aduaneros de la desesperación pueden destripar mi equipaje,
palparme y preguntarme,
no tengo nada que declarar;
el amor, como yo, va de viaje.
un día lo encontraré.
en cuanto vea su cara,
enseguida lo reconoceré…
EDITH PIAF
